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GIN TONICS DE MENOS EN EL SÉPTIMO ARTE (II)

(Viene de aquí).

En el anterior artículo (“GIN TONICS DE MENOS EN EL SÉPTIMO ARTE”) hablábamos, y valga la redundancia, de los Gin Tonics echados de menos tanto en el cine como en la pequeña pantalla. Es decir, toda esa filmografía grabada en nuestra retina y que forma parte de nuestra vida en la que añoramos una escena de bar al estilo Casablanca, un antihéroe como Damian Lewis tomando un Tom Collins, una voz femenina de cabaret ahogando los ecos del hielo en la copa medio vacía de Jon Bernthal en MOB City… Para todos aquellos que supimos acompañar la serie de un buen combinado de Gin a falta de su representación en la escena ¡Salud!

Magic City:

Como me gustaría hablar de Mad Men pero, si hay algo en torno a lo que giren sus personajes es al devenir de sus aventuras acolchadas por el dulce tacto del licor (de hecho el cóctel Gibson es frecuentemente pedido por Roger Sterling)… traigo a colación una serie, si bien menor en cuanto a presupuesto y público (Starz la cortó en su segunda temporada, dejando huérfano un pequeño pero fiel grupo de fanáticos de lo vintage), nada desdeñable en cuanto a su propuesta.

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Ambientada en la Miami de finales de los años 50, la serie narra la lucha por el poder y la supervivencia del negocio de su protagonista, Ike Evans, así como de los suyos. Propietario de uno de los hoteles de moda de la ciudad de Florida, El Miramar, Ike Evans deberá soportar las presiones de la mafia, su propia familia y de los cambios políticos que se suceden al otro lado del mar Caribe, en Cuba, con el ascenso de Fidel Castro. La cuidadísima estética y la mentalidad de mitad de siglo poliédricamente dibujada a sus personajes, sus influencias de cine negro sin caer en la hipérbole del gatillo fácil, el reflejo del peso del poder que exhibe bañado por los lujos de éste, confunde y seduce al espectador casi tanto como a sus personajes.

Inevitablemente, la serie sabe a ron cubano, mas sospecho (o quiero imaginar) que Stevie Evans (representado por Steven Strait, de quien la Wikipedia asegura que además de actor y modelo es cantante) seduce a Silver con ese desorientado brillo en la mirada otorgada por la ácida cáscara de limón que adorna su copa Gin Tonic. Serie de trago largo y conversación pausada que habla del florecimiento y época dorada de una ciudad hoy capital del mundo.

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Por ser la primera ginebra destilada en USA, por evocar en su publicidad los años 50 y 60 del pasado siglo XX… No imagino el rítmico ir y venir de los elegantes protagonistas de Magic City por la piscina, el hall, el bar o las suites, sin un Seagram´s aún en el paladar.

Hermanos de Sangre:

Porque el género bélico nos ha dado, gustos a parte, grandes momentos, hablar de una serie de guerra es hablar de Hermanos de Sangre, en mayúsculas. Basada en el bestseller de Stephen E. Ambrose, “Band Of Brothers” narra la historia de la Easy Company, un batallón americano del regimiento 506 de paracaidistas que luchó en Europa durante la II Guerra Mundial. Con grandes dosis de humanidad, valor y valentía, sus protagonistas avanzarán por líneas enemigas sin heroísmos superficiales salidos de guiones ajados de Hollywood, viviendo en sus propias carnes el horror de la segunda Gran Guerra.

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Si bien la trama sigue otros caminos, la oportunidad de narrar cómo surgió un combinado que hasta hace muy poco era muy demandado en las barras de cualquier punto del país y que hoy ha casi caído en el olvido, hubiera sido algo parecido a poner en práctica ese conocimiento interrelacional del que hablan los científicos. Y es que bien pudieron ser las tropas de la 101.ª División Aerotransportada quienes, llegados desde EE.UU a Reino Unido para luchar codo a codo contra el régimen nazi, mezclaran su negro y carbonatado refresco con el Gin, dando lugar al RAF.

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Bayswater Gin (y perdónenme los dogmáticos) con refresco de cola para acompañar a una serie que se salta la anecdótica pero importante invención de un combinado hoy en vías de extinción.

Breaking Bad:

Como bien decía Cranston durante una entrevista sobre su personaje, Walter White, un profesor de Química de un instituto que, tras cumplir su cincuenta cumpleaños rodeado de su familia y su apacible vida sin grandes aspiraciones, descubre que tiene un cáncer de difícil cura y elevado tratamiento y decide “cocinar” metanfetamina junto a un ex alumno suyo para solventar los problemas económicos de su familia:

“Lo difícil de interpretar a Walter es que debíamos hacer tanto empeño en los pequeños detalles y gestos que en realidad interpreté a muchos más personajes, sin perder la esencia del original. Era todo un reto. Tomemos como ejemplo a F.R.I.E.N.D.S. Yo amé y amo F.R.I.E.N.D.S., es una gran serie y de las mejores de la historia, pero Ross Geller siempre fue ese hombre un poco lento y sabiondo desde inicio a fin, o Joey fue siempre un tonto mujeriego, o Phoebe una simpática y atolondrada chica. Walter White comenzó, y terminó distinto”

Breaking Bad: Jesse Pinkman and Walter White

La evolución de Walter White, ese profesor de química débil y cobarde en extremo, a Heisenberg, su alter ego ambicioso, irrefrenable y capaz de cualquier cosa por salirse con la suya, a lo largo de sus cinco temporadas ha marcado un antes y un después para siempre en la historia de la televisión y quién sabe si fijando un top demasiado alto a las series venideras. Si no la has visto, sin duda sentirás crecer en ti, a medida que se suceden las temporadas, esas múltiples personalidades, criterios y juicios que se van ramificando de manera paralela en W. White.

Como si de un feriante se tratara, Vince Gilligan, su director, cuida al máximo todos los detalles a lo largo de la serie, creando reflejos de luces y sombras, trucos, ilusionismos y juegos de manos y magia, mezclando de manera sutil e indisoluble en sus fórmulas químicas lo mejor y lo peor del ser humano en cada uno de sus pulidos (y cercanos) personajes.

Si bien en varias ocasiones se le ve bebiendo güisqui WhistlePig con los agentes de la DEA (y Dimple Pinch en el Cap. 512), así como diversos botellines de cerveza, Walter White me sabe en ocasiones al dry gin seco pero aromático y complejo. Neutro y transparente en sus inicios como una botella de Martin Miller´s, su progresiva evolución perversa evoca al colorido Saffron Gin.

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Si algo le faltó a Vince Gilligan para alcanzar la perfección fue darnos una ginebra que adorar tras ser consumida por Walter White.

¿Y tú, en qué otras series echaste en falta la materialización del Gin?

Próximamente saltamos al Séptimo Arte.

 

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