grosella

Diccionario de botánicos: la grosella

La enorme familia de los llamados frutos rojos, también llamados frutos del bosque, ha dado mucho al mundo de la ginebra. Y le queda mucho por ofrecer todavía, como cualquiera puede ver, habida cuenta de los muchos experimentos e innovaciones que los destiladores de ginebra van haciendo. Hoy hablaremos de uno de los miembros más populares de la familia: la grosella.

Como ocurre a menudo con estas frutas, las variedades de cada fruta son muchas y las confusiones casi inevitables. Cuando hablamos de grosella nos referimos a la grosella roja (Ribes rubrum), dejando a un lado a sus hermanas la grosella negra o cassis, la blanca o uva crispa, su prima la grosella de Taití y otras muchas. También se la conoce como corinto, cambronera, uva de fran y de muchas otras maneras.

Distintas grosellas

La baya, de un centímetro aproximadamente, roja y translúcida, crece en verano en racimos, de un arbusto de hoja caduca de algo más de un metro con hojas de cinco lóbulos que recuerdan a la vid. Procede de Europa Occidental, y es en los países del norte y el centro del continente donde es más apreciada y consumida, sobre todo en repostería, zumos, confituras y al natural.

La roja, la más famosa de una familia numerosa

Riquísima en vitamina C (también A y B), resulta ser uno de los mejores antioxidantes conocidos. Tiene también propiedades diuréticas y antibacterianas, y ayuda a combatir enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio. El té de sus hojas es bueno contra la gota y el reuma. Mejora la salud ocular y cutánea. Una joya, vaya.

Cada vez son más las ginebras que recurran a la grosella como botánico, y la gama crece sin parar. Si quieres probar una, aquí te señalamos algunas muy diferentes entre sí. Ahí está la española Martes Santo, de triple destilación, donde los frutos rojos son la estrella. 5th Fire sigue un principio parecido (pero menos “extremo”). Muy distinta es Bessen, una jenever holandesa casi de libro. Whitley Neill, por cierto, tiene grosella, pero otra muy diferente, la llamad del Cabo.

La grosella destaca como un aromático muy atractivo para complementar un gin tonic, sobre todo por su llamativo aspecto, como decoración. Queda muy bien con ginebra “serias” como Bayswater o Magellan, apoyada en una tónica cítrica y otro aromatizante que no lo sea, por aquello de equilibrar: canela, anís, hierbabuena… Hala, ¡a probar se ha dicho!

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