El alambique es por así decir el corazón de la ginebra, el elemento indispensable sin el que la existencia de nuestra ginebra favorita (y cualquier destilado, en general) no sería posible. Os os proponemos adentrarnos en el mundo de los alambiques (y de las alquitaras y de otros dispositivos) para conocerlos un poco mejor, que nunca está de más.
Las diferencias entre los diferentes alambiques tienen que ver casi siempre con los diferentes elementos que lo componen, es decir, la caldera (donde se calienta el alcohol madre), el condensador (por donde se conduce), la rectificadora (una mejora), el serpentín (tiempo para condensar) y el vaso (que refrigera). En función de la presencia o ausencia de estas partes, de su forma, posición y tamaño, podremos diferenciar los distintos tipos de alambique.

Así pues, lo primero es diferenciar los alambiques de sus primas las alquitaras. En estos antiguos artilugios el decantador se sitúa encima, y no al lado, de la caldera; básicamente es lo mismo, aunque el proceso puede cambiar mucho debido a las diferencias de ritmo, gradación del alcohol, etc. Existen otros tipos de alquitaras y ollas de destilación, pero básicamente todos se parecen.
Alambiques normal, de pera, de columna, franceses…
Dentro de los alambiques propiamente dichos podemos encontrar tres o cuatro grandes familias, diferenciadas en función del condensador, que puede ser un cilindro normal (acabado en la curva llamada cuello de cisne o trompa de elefante y que conduce el vapor al serpentín) o tener forma de pera o cebolla. El alambique inglés o de columna incluye en el condensador cribas para colocar botánicos. En el alambique francés, de dos calderas, tiene un doble sistema de condensación circular.
Luego hay matices, como en el, o los, alambiques franceses. En ambos, el vapor destilado circula por una segunda caldera con alcohol (que se calienta antes de someterlo a evaporación). Pero en el alambique Charentais la segunda caldera, sin fuego directo, es simple, mientras que en el tipo Armagnac la segunda caldera también recibe calor e incluye un sistema de platos rectificadores (pensado para las más altas calidades).
Y luego que si el serpentín va al aire o refrigerado en un vaso, que si la caldera tiene o no tiene salida de producto total… Pequeños matices que enriquecen y amplían la gran familia de los alambiques. Un pedazo de invento al que todos debemos estar agradecidos. Ahora sólo toca jugar a averiguar con qué tipo de alambique se destila esta o aquella ginebra…