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Palmers: de mineros y caballeros

Si pudiéramos usar la máquina del tiempo que los Illuminati tienen escondida en los más profundos rincones de… bueno, no puedo decir dónde; pero si pudiéramos, viajáramos cien o ciento cincuenta años hacia atrás, fuéramos a Inglaterra, entráramos en un bar, o taberna, o lo que se estilase entonces y pidiéramos su mejor ginebra nos pondrían algo muy parecido a Palmers.

¿Es un halago? Sin duda. Palmers puede ser perfectamente la ginebra de cabecera de aquellos que gustan del corte clásico. Una London Dry por los cuatro costados; dentro de las ginebras inglesas, la más inglesa de las ginebras, probablemente. Un regalazo para que tu padre se aficione definitivamente a la ginebra.

Jenny, una jovencita de apenas 21 años.

Todo en Palmers suena a viejo. Es fabricada por G. H. Palmer, una multinacional familiar (de verdad) fundada en 1805, en una destilería (Langley, junto a Birmingham, Black Country, en plena Inglaterra, origen de muchas otras ginebras) que se fundó en 1902 (antes era cervecería), con una receta de más de 350 años, en alambiques tradicionales; el más viejo, Angela, cumple 111 años. Lo más nuevo en la casa son las etiquetas.

No confundir con Palmer’s Liberty, una rebelde de Philadelphia…

Si algo manda más que la tradición en Langley, es el rigor. El destilado se hace por lotes, con un cuidado extremo desde la maceración a la reducción con agua, pasando por el arranque de la destilación, el mantenimiento de la temperatura, el desechado de cabezas y colas del proceso, y un largo etcétera de pequeños detalles tal vez cargados de ritualismo, pero no exentos de un sentido: hacer ginebra de primera calidad.

La carta de botánicos es clásica; es como la alineación del Real Madrid de los sesenta que aunque no te guste, más o menos te la sabes. Enebro cuidadosamente seleccionado y analizado, al que se unen coriandro, raíz de angélica, piel de naranja y limón, corteza de casia, raíz de regaliz, nuez moscada, canela y raíz de lirio. Los botánicos no se negocian.

En definitiva, una excelente ginebra, cuidada y fina, que sabe a ginebra de calidad, crispy y zesty (que dicen allende la Mancha), con predominio del enebro y los referentes cítricos y especiados de rigor. En nuestro viaje al siglo XIX, seguramente sería de las que bebieran los caballeros; pero si compartiéramos una botella con unos mineros, que son los que realmente sabían de ginebra, podrían reconocer inmediatamente sus virtudes.

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